II - 100 PÁJAROS.

Detrás de las nubes.
A partir del kilometro 20 el estéreo de la utilitaria ya no sintoniza con claridad. El ruido blanco es su única compañía. Homogéneo y aleatorio. Las luces delanteras revelan apenas un fragmento de los alrededores. A veces la camioneta parece estar quieta y la ruta y los insectos parecen moverse hacia ella.
Triste oráculo el de los insectos.
No conduce desde muy lejos, pero está cansado. Un mismo origen y un mismo destino invirtiendo sus papeles una vez por semana, durante tres años.
104 veces.
Hoy un hombre camina al costado de la ruta quebrando milagrosamente la monotonía del viaje.
El conductor desacelera.
-¿Lo puedo ayudar? – Pregunta mirando con precaución.
-Quizás.- contesta el caminante con confianza.- Voy hacia la ciudad, en el mismo sentido hacia el que usted conduce.
-Trate de limpiarse el barro de las botas antes de subir.- exclama el conductor mientras quita el celular y la campera del asiento del acompañante.
El hombre sube y se coloca el cinturón de seguridad. En ningún momento quita la vista del horizonte.
-¿No va a presentarse? - Indaga el conductor con asombro.
-No se ofenda. Aun no recuerdo quien soy. Desperté no muy lejos de acá junto a este libro.- Responde el caminante con naturalidad. En sus manos lleva una especie de agenda de cuero.
Culturalmente el conocimiento científico establece los términos de las posibilidades. Asumimos que ante una ocurrencia, primero se debe evaluar su viabilidad. Asumimos también, que el resultado de la evaluación es fuertemente dependiente del marco físico y social. El hombre observa con curiosidad a las aves desde la prehistoria, pero hasta el siglo XVIII no es capaz de romper los límites autoimpuestos y despegar los pies de la tierra.
También nos acostumbraron a degenerar el significado del poder. Por conveniencia. Entender que no se trata de la capacidad personal de superar un obstáculo, sino de la aptitud propia de tener el control de los demás individuos, estableció el curso histórico beneficiando a una minoría.
Las mentes más abiertas saben ver la realidad como un laberinto que no tiene corredores sin salida. Para ellos los límites no son más que el momento adecuado para proponer un camino diferente. El hombre prehistórico entendió que no le iban a crecer alas en el cuerpo y el hombre del siglo XVIII fabricó un artefacto capaz de elevarlo por los aires.
Las mentes abiertas corren peligro por contradecir el paradigma de los hombres mal llamados poderosos. Estos últimos, por prevalecer, les obstaculizan sus desarrollos. Les temen.
Ante el riesgo, el instinto obligo a los hombres brillantes a buscar refugio donde el las acechanzas del poder autolimitado es incapaz de llegar. Y desde el exilio continúan observando y estudiando la manera de revertir la situación.
En silencio.
Una civilización invisible y alterna constituida sobre solidos pilares de organización que aseguran el bienestar absoluto de cada uno de sus compatriotas , espera en paz.
~°∂ E.H.Q.V ..."
I - INTRODUCCIÓN.
